jueves, 19 de junio de 2014

CAST 140619 (184) Indignación


Indignación

Para Cataluña, la abdicación del rey Juan Carlos I de España a favor de su hijo, hoy Felipe VI, constituye una verdadera provocación. Hasta en la elección de la fecha de la nueva coronación, el día de hoy 19 junio, uno puede entrever (en el mejor de los casos) falta de tacto o desconocimiento histórico, porque hace trescientos años exactos, otro Felipe, el V, incendió la villa de Xàtiva, en su camino a instaurar la dinastía borbónica en España, con consecuencias nefastas para Cataluña. Si no se han dado cuenta, ya hay un nuevo decreto de Nueva Planta conocido popularmente como Ley Wert, que es el mayor atentado histórico en la llamada “transición” contra el modelo lingüístico de escuela en Cataluña, un modelo que hasta ahora ha servido como elemento de cohesión social y de no exclusión. La imposición de un nuevo monarca, Felipe VI, puede considerarse una verdadero “golpe de estado”. La “malas” lenguas sostienen que Juan Carlos I de España “protagonizó” otro golpe de estado frustrado (¿?), el de su amigo Armada (con la ridícula puesta en escena “chusquera” de Tejero). ¿Cómo no considerar “golpe de estado” la figura de un monarca sin la consulta en referéndum? Para los defensores de la (santa) Constitución, el tema sucesorio les ha pillado en bragas, porque la Constitución no preveía nada al respecto. Por cierto, tampoco la Constitución tenía previsto la corrupción, la financiación ilegal de los partidos, el nepotismo, la prevaricación, la malversación de los fondos públicos… y en todo lo que se ha convertido esta llamada “democracia”. En todo este ejercicio “democrático” de “trágatela” (tan del gusto franquista que dejó muy bien atada su sucesión en la figura de Juan Carlos I) siento vergüenza ajena de la actitud del PSOE. El señor Rubalcaba, desde de la autoridad moral de su cargo (aunque haya presentado su dimisión), llegó a afirmar que el PSOE siempre había sido un partido monárquico: supongo que este personaje se olvidó de que en un tiempo pasado (en el siglo y el milenio pasados) el partido que “representa” se llamaba precisamente así, hoy meras siglas, “socialista” y “obrero”.




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