Esperpento
Hace exactamente tres años (19 de junio de 2011) que
Pedro Nueno, profesor en el IESE, embajador de la Marca España nombrado por el
entonces príncipe de Asturias y flamante Creu de Sant Jordi, escribió esta
columna en La Vanguardia, que
reproduzco literalmente. Aún hoy
siento vergüenza ajena y pienso que privatizar es como quemar un bosque: lo que
ha costado años en crecer se quema en minutos y el beneficio es para unos
pocos, sin pensar en el futuro. Con respecto al trabajo de los jóvenes, basta
recordar que el IESE es una institución de educación superior que depende del
Opus Dei, y ya pueden imaginar qué méritos fundamentales ha de poseer un joven
que quiera ser profesor allí.
“Una
cosa que se podría hacer en este país es privatizar todo lo que todavía es
propiedad pública, pero de verdad y en un mes: aeropuertos, loterías, cárceles,
hospitales, edificios… en plan subasta internacional, el que más pague que se
lo quede. El aeropuerto de Londres es de Ferrovial y el de Barcelona, peor
gestionado, del Estado español. Con el dinero que saque el Estado que pague
deudas. Deberíamos liberalizar el mercado de trabajo: abaratar el despido
drásticamente. Pero poniendo alguna desgravación (de impuestos o seguridad
social) a la creación de empleo. Evitar el despilfarro sanitario con un nivel
de copago y una incentivación del seguro privado. Poner a los jóvenes a
trabajar obligatoriamente hasta dos años gratis si tienen carrera y más si no
la tienen. Si a quien los emplea le encantan y los quiere retener tendrá que
empezar a pagarles mucho antes. Y si no valen para nada, a alguna institución
que los rehabilite con dureza. Al que se le pille haciendo pintadas, a limpiar
pintadas. En Boston y en Shanghai no hay pintadas. Los indignabotellonados, a
currar. Incentivar todo lo que es renovación y creatividad: creación de nuevas
empresas, innovación. Son actividades con riesgo y merecen un incentivo fiscal
o de coinversión: si creas una empresa nueva y levantas 100.000 euros de
capital, yo Estado te presto 25.000 sin intereses.
Evitar
los atascos que crean los funcionarios. Hoy perdemos miles de turistas por
problemas de visados y hay en el mundo empresarios, estudiantes, periodistas,
académicos que tienen influencia y están siendo maltratados por nuestros
funcionarios (a los que pagamos bien) en embajadas y consulados españoles por
el mundo. Atrasar pagos en la sanidad requiere muchos más funcionarios que
pagar al día. Pidiendo otro papel y luego otro y venga a pedirlo físicamente
para que se vea la cola, se crean puestos de trabajo innecesarios. Tendríamos
que vender el país, pero de verdad, todos. He de reconocer que el president Mas
se volcó recientemente para convencer a unos fabricantes de coches de China de
que cuando vengan a conquistar Europa lo hagan desde aquí. Y nuestro próximo
alcalde, Xavier Trias, supo que teníamos en el IESE a 60 empresarios chinos y
se presentó allí, se metió en el aula y les hizo una venta que tendrá
resultados positivos. Pero esto hemos de hacerlo con todas nuestras fuerzas
porque la prensa internacional no nos ayuda y porque no engañamos a nadie
vendiendo nuestro país que es excelente.
Nos
enfrentaríamos a la protesta masiva de todos a los que se les acabaría vivir
del cuento, incluyendo más de un sindicalista. Pero es la única forma de pasar
de un país que desaparece del mundo relevante al mejor país de Europa. Habría
que aguantar gritos unos días y meter en la cárcel a alguno que se pasase. Pero
si no cambiamos rápido el rumbo, vamos muy mal. Todo esto está comprimido en
una columna y habría que detallarlo más. Pero hay que hacer estas cosas.»
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